sábado, 22 de mayo de 2010

La tolerancia no es tal

Una observación muy esclarecedora consiste en buscar un cuál o cuáles valores son tenidos como capitales en una sociedad, institución o momento histórico dado. Es común que estas anheladas virtudes poco o nada tengan que ver con las conductas imperantes de la sociedad que las demanda. La valentía promulgada, por ejemplo, por regímenes fascistas suele encubrir individualidades cobardes y temerosas. Algo similar sucede con la apelación a la tolerancia, tan en boga en el discurso político democrático europeo, en los planes educativos y en la literatura infantil.
En sus corrosivas Cartas Luteranas (Madrid: Trotta, 2010), Pier Paolo Pasolini arremete en contra de la mala fe inherente al discurso de la tolerancia.
La tolerancia, entérate bien, es sólo y siempre puramente nominal. No conozco un solo ejemplo o un solo caso de tolerancia real. Y esto porque una «tolerancia real» sería una contradicción en sus propios términos. El hecho de «tolerar» a alguien es lo mismo que «condenarle». La tolerancia es incluso una forma más refinada de condena. En realidad al «tolerado» -digamos que al negro que habíamos tomado como ejemplo- se le dice que haga lo que quiera, que tiene todo el derecho del mundo a seguir su propia naturaleza, que su pertenencia a una minoría no significa para nada inferioridad, etcétera. Pero su «diversidad» -o mejor, su «culpa de ser diferente»- sigue siendo la misma tanto ante quien ha decidido tolerarla como ante quien ha decidido condenarla. Ninguna mayoría podrá eliminar jamás de su consciencia sentimiento de la «diversidad» de las minorías. La tendrá siempre presente eterna y fatalmente. Por consiguiente -es cierto-, el negro podrá ser negro, es decir, podrá vivir libremente su propia diferencia, incluso fuera -es cierto- del «gueto» físico, material, que en tiempos de represión le había  sido asignado.
No obstante la figura mental del gueto sobrevive inevitablemente. El negro será libre, podrá vivir nominalmente sin trabas su diferencia, etcétera; pero siempre estará dentro de un «gueto mental», y ojo con salir de ahí.
Sólo puede salir de ahí si adopta la perspectiva y la mentalidad de quien vive fuera del gueto, o sea de la mayoría.
Ningún sentimiento suyo, ningún gesto, ninguna palabra suya puede estar «teñida» de la experiencia particular que vive quien está encerrado idealmente dentro de los límites asignados a una minoría (el gueto mental). Debe renegar enteramente de sí, y fingir que la experiencia que lleva a sus espaldas es una experiencia normal, o sea, la mayoritaria. (págs. 27-28)

3 comentarios:

  1. Hola gustavo! Conocí tus puntos de vista en Pizpirigaña y me sorprendieron gratamente. Iré leyendo despacio las publicaciones de este blog para conocer más a fondo tus nuevas y diferentes teorias acerca de la literatura infantil. Enhorabuena por el trabajo que realizas. Me alegra sentir "aires frescos" por estos lares. Saludos

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  2. Hola Gustavo,

    Me encanta tu blog pero te echo de menos. ¿Por dónde andas?

    Un beso,

    Bea

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  3. La palabra "tolerancia" no aparece en mi diccionario satírico -tendré que incluirla-. Sin embargo sí aparece "Intolerancia: Cualidad del religioso que este se esfuerza en adquirir y acrecentar toda su vida, ya que cree que sin ella no entrará en el Reino de los Cielos." No sé si esto aporta algo.
    Un abrazo,

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