jueves, 8 de abril de 2010

La fábula de la educación en valores, 3

Gotthold Ephraim Lessing no sólo incluyó a la fábula dentro de sus estudios de filosofía práctica sino que además tradujo la obra fabulística de Samuel Richardson y fue un exhaustivo lector de Esopo. Su definición de la fábula es tan precisa como acertada, a saber,
Invención que apunta a un determinado propósito. [G.E. Lessing (1982) “Tratados sobre la fábula” en: Escritos filosóficos y teológicos. Madrid: Anthropos, p. 240 y ss.]
Podemos entender la “invención” en su acepción más próxima a la retórica antigua. Inventar consiste en “hallar” los tópicos o lugares comunes sobre los cuales se articula una narración que persigue una determinada utilidad extra-literaria. Así, la diligencia de la hormiga y la holgazanería de la cigarra constituyen dos tópicos a partir de los cuales se crea la fábula.
Más allá de esta definición, Lessing también nos aporta otra reflexión de suma utilidad. Cuando subraya la excepcionalidad de Esopo como fabulista, dice al respecto:
Esopo hizo las más de sus fábulas con ocasión de casos reales. Sus sucesores, por lo general, se inventaban tales casos; o bien, al componer las suyas, no pensaban en caso alguno sino simplemente en ésta o aquella verdad general.
A juicio de Lessing, la virtud de Esopo radica en su habilidad de “hacer comprensible y mostrar el parecido de su inventada historia con el caso real”. Esto significa que, por un lado, Esopo tiene la capacidad de inferir una verdad moral de un caso real, esto es de una situación particular; y, por otro, que además “halla” los tópicos que mejor transmiten ese parecido, esto es que dan forma a la analogía constitutiva de toda fábula.
Lessing considera que el caso de otros fabuladores es distinto. Al no partir de casos reales, sus historias no son inferencias y, en la medida en que tienen su origen en la necesidad de transmitir una verdad, la fábula no es otra cosa que la ilustración de una proposición, de una moraleja.
Es interesante reflexionar sobre esta idea. Detrás de ella no sólo subyace la distinción entre mimesis y representación sino también la del tipo de conocimiento que un lector puede extraer de uno u otro libro. Volveremos sobre esto.

1 comentarios:

  1. Me encanta la definición de fábula que hace Lessing. Tan clara y reveladora. Y me parece muy interesante esta última reflexión. Estos últimos días que has estado hablando sobre la fábula me ha hecho pensar mucho sobre si actualmente aún pueden ser una herramienta para "educar en valores". ¿No serán los niños de ahora muy listos o es que nosotros éramos más tontos? ¿Me habré hecho de vieja de repente por utilizar la frase los niños de ahora?

    ResponderSuprimir